Roma

Una vez, llegó a ser un imperio, el centro del mundo conocido. El secreto para disfrutar de Roma es andar sus aceras, conocer sus monumentos, pasar horas mirando los detalles que la hacen única.

Roma, capital de Italia, es un lugar vibrante, compuesta por monumentos que hasta son catalogados como maravillas del mundo: el Gran Coliseo Romano, por ejemplo. Ir a la Fontana di Trevi, sobre todo en la noche, es una experiencia de esas, que jamás vas a olvidar.

Roma es la ciudad perfecta. En su centro podemos palpar la historia tan solo mirando los edificios centenarios que albergan desde iglesias, hospitales, bibliotecas, universidades, escuelas, teatros, bares hasta restaurantes. En cada calle hallarás una ‘fontanella’, donde los romanos solían disfrutar (y hasta ahora lo hacen) de las aguas públicas. Es una de las mejores aguas del mundo. No hay que gastar dinero comprando embotellada; de las fuentes las puedes consumir perfectamente; incluso en el verano de los boquetes saldrá un agua fresca, casi fría.

La comida Italiana ha trascendido sus fronteras y hoy en día es casi imposible llegar a una ciudad y no hallar un restaurante italiano. La comida es magia, sus condimentos frescos crean un concierto en los paladares. Y cómo no mencionar los vinos. En Roma convergen las mejores botellas de las regiones vinícolas más importantes del país. Y no creas que por un buen vino tendrás que ‘pagar un ojo’: muchísimos restaurantes tienen su propia producción riquísima, que te sirven con mucho orgullo.

Con estos zapatos conquisté Roma.


Roma, también es una ciudad con gran sentido religioso. Cuna del Vaticano, recibe cientos de turistas católicos que se dan cita para los eventos que se realizan en la ciudad-estado. (En la audiencias Papales de los miércoles, si llegas bien temprano, podrás ver al Papa de cerca). La Santa Sede cuenta con obras de arte de incalculable valor, como la capilla Sixtina y los tesoros de los Museos del Vaticano. También me gusta llamarle mausoleo ya que debajo de la estructura se confirmó que está la tumba de San Pedro (primer Papa de la Iglesia Católica), además existe una antigua necrópolis griega, y entre otros fallecidos ilustres, alberga los restos del Beato Juan Pablo II.

A parte de la cultura y la comida, también reina el glamour. Los más grandes diseñadores del ‘haute-coiture’ tienen sus boutiques en Roma. Es muy interesante caminar la Via Veneto, inmortalizada por Fellini en ‘La Dolce Vita’ e ir de café en café y de tienda en tienda, hasta llegar a la parada obligatoria del Café de París (para el almuerzo, cena o tan solo una copa de vino).

Seguro que lo saben, pero lo recuerdo con nostalgia: ya no se usa la Lira. Cuando yo era pequeña e iba a Italia, todo costaba ‘la mile lire’… pero ya no más. Todos los precios son en Euros, y también se requiere la visa Schengen para ingresar (impersonalidades de la globalización.)

Ve a Roma en cualquier época del año, pero preferiblemente en otoño o en primavera. En verano hace mucho calor, y el invierno quizás algo frío. Aunque si sólo puedes ir en Julio o Agosto, no pierdas la oportunidad. Te va a encantar.

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